lunes, 9 de marzo de 2009

Último adiós (parte I)

Me llamo Belinda, y mi cuerpo murió dos años atrás. Mi alma sigue merodeando por vuestro mundo, por las calles donde vosotros paseáis, por los parques donde os relajáis. Puedo ver las cosas que hacéis y vosotros ni os dais cuenta de que estoy allí. La verdad es que he descubierto muchas costumbres de las personas que conocí mientras vivía, cosas que nunca me hubiera imaginado de no haberlas visto con mis propios ojos; y ahora tengo esa oportunidad. Pero no penséis que es muy divertido, hay momentos en que deseo irme completamente, dejar este mundo y morir de una vez por todas. Pero supongo que eso no está en mis manos.

Hay una persona a la que sigo más que a cualquier otra: a Álex. Os estaréis preguntando quién demonios es; pues bien, él fue lo mejor que me pasó en la vida: fue mi novio los últimos tres años antes de ese fatídico accidente. Y él conducía el coche en el que morí.

Los primeros días después de mi muerte los pasé andando –sí, no vuelo ni nada por el estilo– por mi pequeña ciudad. De ese modo encontré a bastantes conocidos, sorprendiéndome de sus hábitos y sus personalidades cuando no estaban rodeados de gente; pero a él no le encontraba. Cuando estaba a punto de darlo por perdido, concluyendo que se había ido de la ciudad, le encontré que salía del mismo hospital donde había muerto yo. Le reconocí de inmediato, aunque su aspecto no tenía nada que ver con el que le había visto por última vez antes del accidente: estaba sentado en una silla de ruedas, su piel era muy pálida, tenía la mirada perdida en algún lugar indefinido, no hablaba, no gesticulaba… No tenía vida. Nunca le había visto así. Me acerqué a él y le toqué una mano. Él movió un dedo y me miró; sabía que estaba a su lado, y le brillaron un poco esos ojos verdes que me volvían loca, pero no dijo nada. No me di por vencida, y subí a su coche, en el asiento trasero. No necesitaba que me abrieran la puerta, podía cruzar muros, puertas… Por lo que me fue fácil ponerme otra vez a su lado. Volvía a observarme, mirándome directamente a los ojos; pero no decía nada. El viaje fue silencioso; ni sus padres ni su hermana hablaban. Me fijé en sus rostros cuando bajamos del coche. Habían llorado, tenían los ojos muy enrojecidos. Suspiré, triste.

Había una vecina con la ventana abierta que les miraba. La reconocí enseguida: era la reina de los cotilleos del barrio. Me enfurecí y, aunque sabía que no me oiría, le grité:

-¿Sólo sabes meterte en los asuntos de los demás?

Descubrí que mi característico mal genio en ciertas situaciones se había mantenido intacto. Una ráfaga de viento le cerró la ventana de un golpe, asustándola. Sonreí.

Álex me miró y creí poder ver una muy pequeña y escondida sonrisa. ¿Podía verme?

Entramos en la casa.

-¿Quieres comer algo, Álex? – le dijo su madre.

-No. Iré a mi habitación – su voz tenía un tono muy grave.

Se levantó de la silla con ayuda de su padre y subieron las escaleras hasta su habitación. Observé la casa. Siempre me había gustado, era preciosa; su decoración, la luz que entraba por las ventanas… Era realmente acogedora.

Entramos en su habitación. Estaba igual que la última vez que la había visto: con pósters de sus cantantes favoritos y… dios, me quedé blanca –si eso puede ser posible en un difunto– cuando vi las fotos que nos habíamos hecho durante aquellos tres años; todavía las tenía en la pared. Él también las vio y se echó a llorar. Su padre supo qué pasaba, y se dirigió hacia allí para quitarlas.


(continuará...)

6 comentarios:

  1. Un relato precioso. Me ha gustado mucho. Escibes muy bien.
    Saludos desde La ventana de los sueños, blog literario.

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  2. Excelente como todos tus textos que he leído! Sigue así!

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  3. Excelente texto, me cuesta escribir desde la muerte. sigo atento tu relato y aprendo.
    besos

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  4. Muy triste, pero espero con ansia el final. Me gusta...besicos

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  5. Una historia sorecogedora, me recuerda a un relato que tengo escrito.
    Está muy bien narrado, ahoa voy a leer la segunda parte.
    Besos!

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  6. Precioso. Ella quizás murió pero él no parece que tenga mucha más vida que su amada. Tiene que destrozarte perder para siempre a quién amas.

    Lo bueno de ir con retraso es que tengo que esperar menos para leer la continuación.

    Allá voy!!

    Omega

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